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RELOJ

lunes, 1 de junio de 2009

Eddie Gein






La historia de Eddie Gein es una de las que mas impresión causó no solo en Estados Unidos sino en el mundo entero a tal grado que se convirtió en la inspiración primaria de personajes literarios y de obras de cine desde su descubrimiento hasta la fecha. Las atrocidades conocidas en la granja de Gein forma parte fundamental de nuestra cultura y son referente obligado de análisis y reflexión psicológica.






El 17 de Noviembre de 1957 agentes policíacos de Plainfield Wisconsin entraban a la propiedad del viejo Ed Gein porque se investigaba la desaparición de la señora Bernice Worden, madre de uno de los oficiales del pueblo. Eddie Gein era considerado uno de los últimos clientes en visitar la ferretería de la mujer y había testigos que lo habían visto merodear la negociación. Aquellos hombres jamás imaginaron lo que habrían de encontrar en la solitaria granja de Eddie Gein. Para empezar el lugar estaba lleno de basura y desperdicios por doquier al punto de dificultar el paso de las personas, el olor de mugre y descomposición era apenas soportable. Arthur Schley el sheriff local inspeccionaba la cocina de la granja cuando sintió que algo rozaba su chaqueta y al alumbrar con su lámpara hacia arriba descubrió una enorme carcaza colgando del techo. No era raro en esas regiones de caza del estado ver los restos colgados de venados, pero le tomo unos cortos instantes reconocer el cuerpo decapitado y abierto de una mujer. El cuerpo de la madre de su oficial de policía había sido descubierto. Aquel día la policía del pueblo se había encontrado con la granja de la muerte, el inventario de descubrimientos macabros incluía lo siguiente: tazones de sopa hechos con la parte superior de cráneos humanos, una caja de zapatos llena de genitales femeninos curtidos, cajas con narices, pantallas de lámparas y cubiertas de sillas fabricadas en piel humana. Un cinturón hecho de pezones. Una cabeza y máscaras hechas de piel de la cara también fueron halladas, para finalmente hallar el más bizarro trofeo de aquella macabra colección: una especie de chaqueta hecha de piel de mujer con su par de senos incluidos.






Edward Theodore Gein nació en La Crosse Wisconsin el 27 de Agosto de 1906 y sus padres fueron Augusta T. Lehrke (1878–1945) y George P. Gein (1873–1940) siendo la madre la figura dominante a lo largo de toda la vida y el señor Gein la figura débil y carente de opinión. La infancia de Gein se desarrolló bajo el desequilibrado fanatismo religioso de la madre quien era una luterana de hueso colorado y que consideraba a todo el mundo como una mala influencia para sus hijos, a tal grado que compró la propiedad de Plainfield con el objetivo de alejar a su progenie de la perversidad del mundo. Especialmente las mujeres eran la perdición, pues todas -a excepción de ella- eran peor que golfas y una de sus creencias más fuertes era que el sexo solo debía practicarse con fines reproductivos y no mas. Solo había una cosa que Augusta no podía impedir y era que Eddie asistiera a la escuela, lugar donde no tuvo problemas para pasar sus materias, siendo en lectura donde brillaba mas. La gente que lo conoció en la escuela reporta que Gein era un sujeto de maneras discretas y afeminadas por lo que era pasto de los niños más abusivos. Siempre tuvo una mueca muy chistosa evidente aún en las discusiones mas serias. Los intentos que Gein iniciaba para hacerse de amigos eran bloqueados sistemáticamente por su dominadora madre. Todos los días la señora Gein se tomaba un tiempo para leer sermones a sus hijos del antiguo testamento. Generalmente severos pasajes que hablaban de los castigos de Dios, la muerte, etc. Fuera de la escuela el joven Gein dedicaba el resto de su tiempo a las labores propias de su granja. Su mejor pasatiempo era leer revistas de aventuras, su único escape de la áspera realidad familiar.






Pero este frenesí de necrofilia necesariamente tenía que escalar a un nuevo nivel. Según declaraciones de Gein, nunca tuvo sexo con los cadáveres porque 'olían demasiado mal...' pero alrededor de La Crosse y de Plainfield comenzaron a suceder algunas desapariciones que a la fecha siguen sin esclarecerse pero que bien pudieron ser responsabilidad del viejo Eddie. La verdad nunca se sabrá con certeza. La primera en desaparecer en extrañas circunstancias fue la niña de 8 años Georgia Weckler que desapareció cuando regresaba de la escuela el 1 de Mayo de 1947. Cientos de residentes de Jefferson Wisconsin peinaron una amplia zona alrededor del pueblo, pero no se volvió a saber nada de la niña hasta que Eddie Gein fue puesto bajo arresto y en juicio. Seis años después otra chica, esta vez de 15 años desapareció cuando trabajaba de niñera. Evelyn Hartley de La Crosse tampoco fue localizada cuando su padre preocupado intentó llamarla por teléfono donde se suponía trabajaría ese día. En la escena de la desaparición fueron halladas evidencias aterradoras como manchas de sangre y algunos otros restos que desde un principio hicieron pensar en lo peor. En Noviembre de 1952 dos hombres, Victor Travis y Ray Burgess entraron a un bar de Plainfield y tomaron cervezas durante varias horas antes de salir de cacería, al salir de ahí jamás volvieron a ser vistos. La siguiente en desaparecer fue Mary Hogan, bartender en Plainfield que se esfumó durante el invierno de 1954. La policía intuyó algo turbio cuando se descubrió un rastro de sangre que iba hasta el estacionamiento del lugar. Pero de nuevo, sin cuerpo ni mayores evidencias poco quedaba por hacer. Lo que si estaba establecido era que todas estas desapariciones ocurrían alrededor o en el pueblo.
Tras la desaparición de Bernice Worden, siendo esta madre de uno de los oficiales de policía el comisario local toma en serio los reportes acerca de Ed Gein merodeando la tienda de la víctima y es como decide investigar a fondo a este raro sujeto. Al momento de los descubrimientos Ed Gein estaba ausente. Mientras los oficiales excavaban en la granja en busca de todos los desaparecidos Gein es interrogado en la cárcel de Wautoma. Al principio niega los crímenes pero tras un día de silencio admite haber asesinado a la Worden. Para esto aduce que en los momentos del asesinato entraba en algún tipo de trance de tal modo que le cuesta mucho trabajo recordar los detalles. Después de mucha insistencia admite por igual el crimen de Mary Hogan a quien disparó por error. De los demás restos encontrados declara que corresponden a los cuerpos que había robado en el cementerio local. Tras un arduo debate le es permitido a la policía exhumar los cuerpos pero pronto se dan cuenta que es verdad, pues los ataúdes aparecen abiertos y vacíos en algunos casos y otros con cadáveres incompletos. Por mas que se intentó ligar a Gein con la desaparición de las niñas y los dos hombres, esto no pudo ser posible, ya fuera por declaración de culpabilidad o por evidencia forense.
Cuando Gein suelta toda la sopa se muestra de lo mas tranquilo y dueño de la situación. De sus escapadas al cementerio y de que y como hacía con los restos robados y luego del crimen de la señora Worden... todo indicaba que no era conciente o no comprendía la magnitud de sus crímenes. Entonces se determinó que no estaba bien de sus facultades y no se le declaró culpable por causa de enfermedad mental. Vinieron numerosas pruebas y baterías psicológicas y al final un grupo de médicos dio el veredicto: Ed Gein era un esquizofrénico y psicópata sexual. ¿Cómo había llegado a este estado? Los doctores llegaron a la conclusión de que la enferma relación con su madre provocó en Gein sentimientos encontrados hacia el género femenino. Por un lado la natural atracción al sexo opuesto y por otro las deformes enseñanzas de su madre respecto a las mujeres. Este cuadro de amor-odio se vio exagerado y distorsionado en Gein hasta llevarlo al estado sicótico en que vivía tras la muerte de su madre.






La granja y las pertenencias de Gein pronto fueron puestas a subasta ante el enojo de los pobladores de Plainfield. El Ford de Gein fue adquirido en la entonces fuerte suma de $750 dólares por un empresario de circo quien en lo sucesivo cobraba 25 centavos de dólar por verlo. Finalmente la casa de Gein se incendió y a pesar de que se sospechaba de mala intención, la investigación falló en hallar a algún culpable. Cuando Gein en reclusión se enteró solo dijo "... just as well" Los últimos años de su vida, Gein se distinguió por ser el interno modelo. Jamás daba problemas ni requería de las usuales drogas que se administran a los enfermos mentales para mantenerlos en calma. La única extravagancia visible era hacia el staff femenino de la institución a quienes dedicaba raras e intensas miradas que hacían sentir incomodidad.

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